Hace años cuando aun Cuauhtémoc contaba con facultades excepcionales para jugar al fútbol, el América le negó el seguir en su plantilla, lo dejó ir. Desde entonces, Blanco desfiló por equipos como el Chicago Fire, Veracruz, Irapuato, Dorados, Lobos BUAP y Puebla. Cuauhtémoc dijo cuantas veces pudo que el quería retirarse jugando para el América, pero no en un partido de tres puntos contra el Morelia con 11 meses sin jugar; si en verdad el América lo respetara y quisiera honrar todo lo que le dio a su institución lo hubiera contratado para sus últimas temporadas, hubiera sido un final con más respeto y gloria para este guerrero llamado Cuauhtémoc Blanco.
Echemos un vistazo a las últimas dos décadas en la historia del América: han cosechado algunos campeonatos, pero la generación de jugadores que se conviertan en héroes e ídolos entre sus aficionados ha sido mínimo. Tal vez también sea producto del fútbol actual, sin embargo, en ese club durante los últimos 20 años se podría contar a Zague (que también lo dejaron ir al final), Salvador Cabañas y Christian Benitez (ambos con historias trágicas) y por supuesto el citado Blanco.
Se desarrolló, debutó, creció y triunfó en el equipo de Televisa. A la par, se hizo de un nombre y un lugar en la selección mexicana, en la que se volvió inamovible (de no ser por la aparición de Lavolpe, pero eso ya es otra cosa), pero en el América tenían otros planes y con su salida se acabaron muchas tardes mágicas en el Azteca.
¿Qué intentan con esta “despedida” entonces? ¿Cumplirle a sus miles de aficionados lo que le pidieron a la directiva por años? ¿Tener un “gesto amable” con el último gran ídolo nacional? Ni la fecha, ni el rival, ni el mismo inmueble resultan atractivos a estas alturas. El último gran generador de fútbol del país debió tener una o dos temporadas de “despedida” en el club al que le entregó todo. Es un tanto insultante la forma en que ahora lo intentan homenajear en un partido con tres días de entrenamiento, con once meses sin jugar, con registros polémicos en la Federación.
Cuauhtémoc merecía más que eso, creo que todos estamos de acuerdo. Todos menos el club que disfrutó de los mejores momentos de Cuauhtémoc Blanco, el que lo sacó por la puerta de atrás y ahora intenta maquillarlo con un pobre homenaje. A todos nos quedarán los recuerdos y los vídeos de la genialidad de este “10” al que se le extrañará en las canchas: su toque, su espontaneidad, su protagonismo y lo exquisito de su juego. Si nos aseguraran que en la política tendrá la misma habilidad e inteligencia que en el fútbol, “el Cuau” tendría mi voto en cualquier elección.